las tortugas

18.07.26

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No sé cómo escribir. No creo tener una historia conmovedora y poética que contar, me han pasado cosas, pero mentiría si dijera que cuando algo digno de contar me pasó pensé en alguna reflexión poética. Ya no me pasan muchas cosas, no conozco mucha gente. No salgo mucho de casa, ni de mi habitación. No me gustan las metáforas, pero me preguntó si me podría comparar con agua estancada que alguna vez fluía creyendo que iba a llegar al océano.

No me gusta la poesía, pero me gustan las palabras. Quisiera tener más cosas que escribir, pero viviendo tan poco ¿Realmente se puede? ¿O estaré parafraseando las mismas experiencias finitas una y otra vez sin que nadie más que yo sepa que significan?

Estoy tratando de recordar algo interesante para contar ahora, para tener un clímax entre tanta prosa aburrida, algún hueso roto, algún salto hacia el mar. Una vez salte al mar desde un muelle, había tortugas, no me gusta el frío, pero quería nadar con las tortugas y tener algo que contar años después cuando me dieran ganas de escribir. Había más gente y tenía miedo porque se veía alto y abajo no hay de que agarrarse, solo te queda dar la vuelta y nadar hacia la escalera de vuelta al muelle.

Le pedía a una mujer que le dijera a su amigo que ya había saltado y parecía un buen nadador que si necesitaba ayuda abajo me ayudara, no soy buena hablando con hombres, no porque sea tímida, porque prefiero hablar con mujeres.

Tenía frío y no quería estar mojada, pero cuándo más iba a poder saltar de un muelle y nadar con tortugas en un agua que no fuera lo suficientemente helada para descartarlo por completo, porque de nuevo, no viajo mucho, y no hay mar con tortugas en mi ciudad, y si lo hubiera probablemente tampoco lo frecuentaría mucho.

Salté.

Me gusta, creo, esa sensación de miedo cuando la caída es más larga de lo que esperas, no soy muy buena nadadora, pero sé flotar y moverme, no necesité ayuda. Tampoco pasaron tortugas cerca de mí, pero pude escribir algo hoy en esta hoja.